Nov 19 2010

Diccionario de pensadores cristianos

Publicado por a las 12:44 pm en General

9788499451060.jpgEn su Diccionario de pensadores cristianos (Verbo Divino, Estella, 2010) Xavier Pikaza dedica una entrada a “Antonio González Fernández” (pp. 365-372). Sobre estas páginas creo que son necesarias algunas observaciones:

Ante todo quisiera agradecer a Xavier Pikaza que me haya incluido en su diccionario, y que me haya dedicado tanto espacio. Mi trabajo en filosofía y en teología es algo muy imperfecto e inacabado como para merecer esta atención.

Hay muchos aspectos en los que sin duda Xavier Pikaza recoge correctamente mi pensamiento. Sin embargo, creo que es necesario matizar algunas de las afirmaciones de Xavier Pikaza, porque pueden llevar a malos entendidos entre sus lectores. Se trata de lo siguiente:

1. No me parece correcto calificar mi Teología de la praxis evangélica como un “ajuste de cuentas” con la teología de la liberación. Es verdad que en el prólogo de ese libro me atreví a exponer mi distancia con la primera teología de la liberación. Consideré necesario hacerlo porque hasta entonces mis escritos teológicos se habían movido más o menos dentro de esa corriente. Sin embargo, el libro no trata de la teología de la liberación, sino que es simplemente una teología fundamental. Es más, al final del libro quedan justificadas, desde el punto de vista de la teología fundamental, lo que Gustavo Gutiérrez consideraba las dos grandes intuiciones de la teología de la liberación: el primado de la praxis, y la perspectiva del pobre. En este sentido, si se quiere situar a mi libro respecto a la teología de la liberación (lo cual es una opción muy limitada), habría que decir que el libro se distancia de lo que podríamos llamar “primera teología de la liberación” (por ejemplo, respecto al uso de la violencia, respecto al papel del estado en la liberación, etc.) y, sin embargo, en un sentido amplio, se mantiene dentro de las grandes intuiciones que dieron origen a esa teología. La expresión “ajuste de cuentas” fue utilizada por un teólogo español en una recensión de mi libro que a mi modo de ver distorsionaba gravemente los contenidos del mismo. Cuando quise responder a esa recensión, la revista en la que se publicó no permitió el uso de sus páginas. La expresión “ajuste de cuentas” designa una actividad propia de la mafia. Y no tengo dudas de que en la teología de lengua española se dan por desgracia a veces ciertas actitudes mafiosas, como por ejemplo, la exigencia de lealtad a los “padrinos”, la existencia de “familias” cerradas, la difamación, la eliminación de la disidencia, etc. Pero mi modo de proceder en el libro no creo que haya sido ése. Simplemente me limité, en el prólogo, a expresar una distancia con la “primera teología de la liberación”, y nada más. El objetivo del libro, repito, es exponer un proyecto de teología fundamental, y no analizar la teología de la liberación. El que progresistas y conservadores hayan evaluado el libro desde esa óptica me parece una limitación del debate teológico en castellano, pues las cuestiones esenciales para la teología fundamental no se llegan verdaderamente a tocar.
2. En segundo lugar, Xavier Pikaza afirma que he “abandonado el proyecto y programa de liberación social” (p. 371). Esto no es cierto. Todo lo contrario. Se pueden leer mis libros teológicos (Reinado de Dios e imperio, El evangelio de la paz y el reinado de Dios, o también las páginas teológicas de La transformación posible), así como los artículos recogidos en este mismo sitio web, para darse cuenta de que la liberación social (y la contribución de los cristianos a la misma) sigue siendo una de mis preocupaciones centrales. Mis limitados servicios a las iglesias en Latinoamérica y en España siempre se siguen enfocando en gran medida en esta perspectiva. Lo que sucede es que no entiendo que la contribución cristiana a la transformación social consista primeramente en apoyar la toma del poder político por ciertos grupos, o legitimar el uso de la violencia o de la contra-violencia. De hecho, la misma experiencia reciente de las iglesias en Centroamérica, en América Latina, o la historia del cristianismo en general muestran lo limitado de ese camino. En realidad, un cambio estructural eficaz no debería de comenzar por lo que los marxistas llamarían la superestructura política. Una transformación social auténtica tiene que tocar las notas esenciales de la sociedad, y esto es algo que las iglesias cristianas pueden hacer desde ahora y desde abajo. No me extiendo más en ello, porque es algo que vengo exponiendo repetidamente en mis publicaciones, precisamente porque me preocupa la liberación social.
3. Xavier Pikaza también dice que he optado por una eclesiología “intimista”. La verdad es que no dejo de preguntarme cuál de mis escritos pueda dar lugar a esa idea. Tampoco entiendo muy bien qué se quiere decir con esa simpática expresión. Lo que sucede tal vez es que he abandonado la eclesiología territorial, sociológica y jerárquica del catolicismo. A mi modo de ver, la iglesia es un cuerpo social al que se pertenece libremente, como resultado de una respuesta al llamado de Dios. Esto implica obviamente una iglesia que de alguna manera no es idéntica al conjunto de la sociedad, ni coextensiva con ella. Se puede decir que, en este sentido, la iglesia es algo así como una comunidad. Tal vez a los lectores que han crecido en iglesias “constantinianas”, coextensivas con la sociedad, y a las que se pertenece por nacimiento, esto les parezca “intimista”. De hecho, en España toda otra experiencia de iglesia fue prácticamente imposible por siglos. Pero no me parece que “intimismo” sea un término adecuado para mi propuesta. Pongamos un ejemplo: a un equipo de fútbol, a un partido politico, a un sindicato, a una asociación de género, a un grupo ecologista, etc., se pertenece voluntariamente, y no por nacimiento (salvo tal vez en regímenes totalitarios). Esto no convierte estas asociaciones en “intimistas”. Por otra parte, si se leen mis escritos se puede ver que la iglesia, desde mi punto de vista, tiene, por su esencia bíblica y teológica, en continuidad con Israel, una alta función social, por más que esta función social no consista en la toma del poder político. La historia de las iglesias de este tipo (en los primeros siglos del cristianismo, en el siglo XVI, en la actualidad) muestra que, cuando tocan las notas estructurales de una sociedad (las relaciones productivas, las lealtades básicas, el recurso a la violencia, etc.) se convierten en altamente molestas, y son perseguidas.

De todos modos, quiero agradecer de nuevo a Xavier Pikaza el interés por algunos de mis escritos. Hace años, un teólogo de la liberación me advirtió que, si criticaba esa corriente teológica, iba a ser excluido de todos los foros a los que hasta entonces se me había invitado. Y así ha sido. Al mismo tiempo, los foros teológicos del “otro bando” tampoco se han interesado mucho por mis reflexiones. Sin embargo, el hacer teología “fuera del campamento”, llevando el oprobio de Jesús (Hebreos 13,13), tiene, desde el punto de vista hermenéutico, grandes ventajas. Ya el anabaptista Hans Denk decía que solamente se puede conocer a Jesús si se le sigue en la vida. Y tengo que agradecer por ello a Dios, y también a los adversarios, entre los cuales desde luego no está Xavier.

Antonio González

2 comentarios

2 comentarios en “Diccionario de pensadores cristianos”

  1. Luis Diego Cascanteel 29 Nov 2010 a las 7:03 pm

    Apreciado Antonio,

    enhorabuena que tomas distancia de muchas corrientes teológicas, quizás por ello tus aportes, tanto en filosofía como en teología, dan vida a conceptos cuyo desarrollo ha ido en otra dirección, y con eso basta.

    La lectura que haces de la praxis, la cual obliga desmarcarse de otras lecturas hechas, enriquece grandemente la reflexión y alienta a continuar pensando sobre lo mismo, mas no lo mismo. Comenzar a pensar “fuera del campamento” es hacer comunidad con nuevos hombres y mujeres… Bienvenidos todos los que desean hacer más grande la familia cristiana.

    Cordialmente,

    Luis Diego Cascante

  2. cristián cabrerael 15 Sep 2011 a las 6:42 pm

    Estimado Antonio, te doy toda la razón. Cuando lei por primera vez tu libro Teologia de la praxis evangelica, nunca me pareció que estuvieras saldando cuentas con la Teologia de la Liberación, aun cuando tambien hay un dialogo con ella. Me parece este libro tuyo de es de una novedad estimulante y enriquecedora. Por otro lado, quienes no pertenecemos a iglesias “territoriales”, jamás nos ha parecido que tu libro Imperio y Reino de Dios sea una invitación para olvidar las implicancias de trasnformacion social del evangelio, por el contrario, para muchos de nosotros que militamos en iglesias libres y que venimos de un contexto con un fuerte enfasis en la etica personal y muy poca conciencia de la etica social, este libro ha abiero una veta riquisima para la fundamentacion de una etica social trasformadora. Por ello, mi recordado amigo, te estamos ,y agradecidos.

    Un abrazo,

    Cristián
    Santiago de Chile